Fruticultura:


Las proyecciones de la actividad agrÍcola en el “fin del mundo”

En la Región de Magallanes se busca obtener nuevosn productos con sello regional, cultivar variedades de mayor productividad y calidad, e incorporar gradualmente tecnologías básicas.

La agricultura de la Patagonia chilena se caracteriza por la oferta de unos pocos productos frescos, con bajos niveles de procesamiento y escasa o nula incorporación de tecnología en los distintos eslabones de la cadena productiva,lo que afecta severamente su competitividad, si se le compara con los productos hortofrutícolas de la zona norte del país. Ello ha generado un desincentivo al establecimiento de cultivos hortofrutícolas, a pesar de las buenas oportunidades de mercado que existen en la actualidad, con una amplia brecha entre el producto ofertado y el demandado, generada por el creciente consumo local y el incremento del turismo en la zona.

Para desarrollar oportunamente el mercado agrícola, y por consiguiente a la pequeña agricultura familiar campesina, se planteó como imprescindible obtener nuevos productos con sello regional, cultivar variedades de mayor productividad y calidad, e incorporar gradualmente tecnologías básicas como el uso de corta vientos, mejoramiento de suelos, fertilización, riego, además de la expansión del uso de invernaderos.

Así, se ha desarrollado una serie de iniciativas en la Región de Magallanes, dadas las serias limitaciones que las condiciones climáticas imponen al crecimiento y desarrollo de un número significativo de especies hortofrutícolas, que deberán seguir importándose desde la zona norte. Una de estas iniciativas es el Programa “Transferencia técnica, plantación zarzaparrilla XII Región”, que desarrolla la Secretaría Regional Ministerial (Seremi) de Agricultura y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Inia), con el financiamiento del Gobierno Regional de Magallanes. Este programa ha permitido el establecimiento, bajo condiciones de manejo adecuadas, de un total de 8 hectáreas con variedades diferentes de zarzaparrillas rojas que, según la calidad de la fruta y la época de cosecha, podrán destinarse tanto al mercado nacional como al mercado de exportación.

Según Claudia Mc Leod Bravo, Ingeniero Agropecuario de Inia Kampenaike, unidad ejecutora del proyecto, en la segunda mitad de la década de los noventa se adjudicaron el estudio “Introducción de Frutales Menores en la XII Región”, financiado por el FNDR. El estudio arrojó interesantes resultados respecto a las potencialidades de la zarzaparrilla roja, grosella y otros frutales, debido a su adaptabilidad a los suelos y clima de la región junto a las perspectivas de desarrollo comercial detectadas. Posteriormente, la Seremi de Agricultura XII Región elaboró y adjudicó directamente a Inia Kampenaike el programa “Transferencia Técnica, Plantación Zarzaparrilla XII Región” que tiene como objetivo establecer el cultivo de zarzaparrilla en la XII Región, con una superficie que permita su exportación.



Zarzaparrilla roja

La zarzaparrilla roja es un cultivo interesante debido al nivel de precio que se lograría al cosechar al final de la temporada. El obtener fruta en este momento es interesante para las exportadoras, ya que logran fruta fresca en el momento peak de precios, minimizando los riesgos que existen al guardar fruta en cámaras esperando dicho momento.

Sin embargo, para Claudia Mc Leod los riesgos que se corren para producir fruta fina en la Patagonia con la tecnología existente aún son muy altos y por eso el programa actual busca minimizarlos adaptando y validando la producción a sistemas más protegidos, como se realiza en otros países del mundo en latitudes similares.

Desafíos: Obtención de maquinarias e insumos y pago de fletes, es uno de los mayores desafíos para trabajar en agroindustria. Asimismo, lograr obtener materia prima de calidad en el momento oportuno y en el volumen deseado, y la asociatividad de los productores para poder ofertar un volumen interesante y tener poder negociador.

Ven tajas comparativ as: Para la producción hortofrutícola existen las ventajas de menor incidencia de plagas y enfermedades que minimizan el uso de agroquímicos; aguas de excelente calidad con mínimos niveles de contaminación; favorables condiciones de temperatura y fotoperíodo que promueven el desarrollo de excelentes cualidades organolépticas y nutraséuticas a los productos, las cuales no han sido convenientemente aprovechadas, según la experta de Inia.



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